Exactamente ahora, cuando el sinsentido se transforma en rutina y vemos pasar el tiempo sin entender su existencia, distintos rincones de la realidad cobran vida, y comienzan a generar una comprensiva ilusión. Entre destellos y decepciones, nuestra percepción se alinea a grillas casi imperceptibles, y de entre el aparente caos, pequeñas señales esenciales y desconocidas comienzas a marcar un ritmo.

Aunque se afanen los medios en querernos convencer de que la eterna juventud y la patética y frenética alegría son obligaciones que tenemos que cumplir como seres pensantes, sabemos, muy dentro de nuestra ignorante oscuridad, que hay algo mas. Y la aceptación de nuestra muerte no hace más que potenciar éste hecho.
Somos conscientes de nuestra finitud, cuando la sentimos como si nuestros huesos se transformasen en hielo, y cada célula de nuestro cuerpo fuera torturada por las visiones del fin. Cuando no encontramos refugio, cuando lloramos por dentro y secamos nuestro cerebro, intentando descubrir alguna forma de anestesiar lo inevitable, nos estamos acercando a la única verdad:

Vamos a morir… ahora… cuáles son las demás preguntas?

photo by heb74