Exactamente ahora, cuando el sinsentido se transforma en rutina y vemos pasar el tiempo sin entender su existencia, distintos rincones de la realidad cobran vida, y comienzan a generar una comprensiva ilusión. Entre destellos y decepciones, nuestra percepción se alinea a grillas casi imperceptibles, y de entre el aparente caos, pequeñas señales esenciales y desconocidas comienzas a marcar un ritmo.
Aunque se afanen los medios en querernos convencer de que la eterna juventud y la patética y frenética alegría son obligaciones que tenemos que cumplir como seres pensantes, sabemos, muy dentro de nuestra ignorante oscuridad, que hay algo mas. Y la aceptación de nuestra muerte no hace más que potenciar éste hecho.
Somos conscientes de nuestra finitud, cuando la sentimos como si nuestros huesos se transformasen en hielo, y cada célula de nuestro cuerpo fuera torturada por las visiones del fin. Cuando no encontramos refugio, cuando lloramos por dentro y secamos nuestro cerebro, intentando descubrir alguna forma de anestesiar lo inevitable, nos estamos acercando a la única verdad:
Vamos a morir… ahora… cuáles son las demás preguntas?

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2 comments
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Mayo 23, 2008 a 6:37 pm
Alvaro García
Vamos a morir, si, loco…de eso no hay duda, pero cabría también la pregunta, o estamos muertos ya y vamos a vivir?, como es natural no soy conocedor de lo que hay tras ese umbral, pero tampoco me vale la justificación de un NADA a secas basándose en si nos acordamos o no de antes de nacer. ¿O acaso nos acordamos de nuestro primer año de vida, o de nuestro primer llanto abriendo los pulmones a esta dimensión?
Se plantean más preguntas del tipo..si vamos a morir, para que hacemos nada? total, es lo mismo..el guión , o al menos su final esta más que dispuesto, porque no hibernar hasta ese momento?
Para mi el hecho de morir, o al menos desaparecer de este plano físico, es lo que conlleva al hombre a acometer los retos más variados y al ir más allá, si el cuerpo físico fuese inmortal la vida perdería mucha de su gracia aparte de convertirse en una tortura de ver pasar los siglos sobre todo, menos sobre uno mismo. Es la muerte la que confiere una parte de dimensión humana al hombre, aparte de otros caminos, digamos hacia planos más elevados que realizan en el hombre cambios tan sustanciales como para creer que dos individuos de la misma especie lo son solamente por su envoltorio exterior.
La muerte es la que apremia, por eso buscamos dar un sentido a la vida, y ojo, que entiendo un sentido válido también el no querer hacer nada. Hace poco, aquí en Szeged, invité a “desayunar” a casa a un mendigo que encontre en la calle, y estuvimos hablando largo y tendido. Él de 40 años, era consciente de su posición en el mundo, jamás había salido de aquí, huerfano de padre y madre, y sin ninguna intención de mover el dedo más pequeño para cambiar su situación. Pero al menos sereno y consciente de que eso y esa vida, eran su lugar en el mundo.
¿Qué más preguntas? El saber el conocer un poco al menos como se mueve el mundo, como es en realidad el lugar que ocupamos en el universo, y no pasar por el tan sólo levantando un poco de polvo y como si estuvieramos mirando un escaparate. La vida pide ser protagonista y no un mero expectador, y por ello, y bajo mi punto de vista se debe trabajar en la dirección correcta, conscientes, sí, de que el final es (o puede ser) un nicho cómodo, o si fuese legal un mero agujero para no perder el contacto con la tierra y regresar de nuestra cuna primordial, sin intermediarios feos (lease , madera, metal, tercipelo, cemento) que embadurnen nuestro exquisito cuerpo cadavérico.
Morir no tocará como la última y quizás más importante vivencia de nuestra existencia y vivir, pues eso, dejando estela si es posible..en un vuelo kamikaze a la eternidad. Un abrazo loco.
Mayo 23, 2008 a 9:37 pm
rodolfobiglie
“Vamos a morir… ahora… cuáles son las demás preguntas?”
No hay preguntas… solo acciones… filtros que separan lo importante de lo mediocre.
No hay raciocinio. Solo comprensión.
Y la vida, como una eterna paradoja, cobra sentido, y se amolda a un esquema irracional que funciona a la perfección, siempre y cuando no seamos parte de jurado.
Vamos a morir, pero el punto de inflexión no es éste. Lo que importa es el cómo.
Hasta que llegue ese punto en donde todos somos iguales y nos volvemos frios y blancos… no habrá sistema lo suficientemente sólido como para poder disfrazar éste final con filosofía barata y zapatos de goma.
Tengo el poder de sentir mi finitud, y ese mismo conocimiento da un inmenso poder… ahora… cuáles son las demás preguntas?”